22 de julio

Producción

Historias de vida

Promufo: una oportunidad para renacer desde el emprendedorismo

El programa de formación, asistencia técnica y financiamiento para emprendedores que administran la Municipalidad y el Concejo ya entregó $ 9.000.000 a través de un millar de créditos desde 2006.

Hay un punto en la línea de tiempo que une las historias de Viviana Segura, María Angélica Johnston y Víctor González: la crisis social y económica de fines de los 90 y principios de 2000 que arrasó con empleos y pequeños emprendimientos de miles de argentinos. Pero a estos tres rosarinos esa crisis terminal los empujó a reconvertirse, volviéndose un punto de partida para una nueva vida ligada a sus propios proyectos y emprendimientos. Los tres recibieron el estímulo y la asistencia del Programa Municipal Básico de Formación, Asistencia Técnica y Financiamiento para Emprendedores Locales (Promufo), una iniciativa conjunta entre la Municipalidad de Rosario y el Concejo Municipal que funciona desde el año 2006.

Actualmente, entre 1.300 y 1.500 emprendedores de la ciudad forman parte del Promufo. El equipo del Programa releva personalmente entre 300 y 400 iniciativas al año, de las cuales unas 150 son seleccionadas para que sus responsables realicen el curso de capacitación, y de estos, los que lo finalizan exitosamente son los que reciben el financiamiento económico.

También se brindan recursos formativos y asesoría técnica, tanto para la generación de microemprendimientos como para la consolidación de los existentes. En ese universo de pujantes emprendedores, existe un amplio abanico de rubros entre los que se cuentan el textil, alimentación, artesanías, cuero, calzado, carpintería, servicios, reciclado, iluminación y apicultura. Desde su creación, el Programa ya entregó alrededor de nueve millones de pesos en casi mil créditos otorgados.

Empezar de nuevo

La vida de Viviana siempre estuvo ligada a las telas, los moldes y las costuras. Pero lo que había sido un hobbie, después de la crisis de 2001 se convirtió en una salida a la economía familiar. Así, montó su taller y se puso a diseñar ropa para moteros. No es una pilcha cualquiera, tiene una tela especial y reforzada en sectores sensibles para el cuerpo de aquellos fanáticos de las motocicletas. Su hijo Jordi, que estudió diseño, se sumó al emprendimiento y entre los dos confeccionan camperas, camisetas, chalecos y pantalones que venden a través de su página web, su perfil en Facebook y en los encuentros de moteros de la región.

María Angélica se considera dentro del “grupo de los de más de 40 años” que se quedaron sin empleo en los noventa. El taller familiar donde prestaban servicios tercerizados a una fábrica de calzado cerró fulminado por la imposible competencia con las mercaderías importadas y de repente se encontró sin casa ni trabajo. “Yo empecé con una amiga haciendo remeritas que vendíamos en la puerta de una escuela”, recuerda aquellos primeros años de rebusque. Luego, las amigas separaron sus caminos y María Angélica comenzó a confeccionar uniformes para colegios. Hoy trabaja junto a otra amiga en su taller de Leiva al 5700.

Carpintero de toda la vida, Víctor tiene un emprendimiento de restauración de muebles, carpintería y tapicería. Aunque su taller está instalado en Magallanes al 100, junto a su hijo y algunos empleados trabaja mayormente afuera, en obras donde instala los muebles que fabrica. Cuando llegó al Promufo, apenas se creó el programa, “la cosa estaba un poco dura”, y el acceso a un crédito con facilidades le permitió renovar las máquinas. Más de 10 años después, sigue renovando maquinarias y herramientas gracias al Promufo, y asegura que tiene el año “completo” de trabajos.

Una oportunidad

Todos aseguran haber llegado al Promufo de diferentes maneras, pero mayormente por el boca en boca. “Eran épocas de dar vueltas por todos lados y golpear muchas puertas”, recuerda Viviana, quien supo del Programa “en conversaciones con gente que estaba buscando una salida a la situación para rebuscársela de alguna manera”. Haber accedido al programa municipal supuso un cambio súbito: “Desde un principio te ayuda muchísimo tener un dinero importante para ir a comprar insumos, porque cuesta muchísimo de otra manera”, apunta. En el mismo sentido, María Angélica asegura que “me sirvió un montón el Promufo. Cuando me dieron el primer préstamo, salí y compré todo el material, me ayudó a desarrollarme”. Víctor acuerda con ambas: “Me ayudó muchísimo desde un principio, en su momento salía muy caro renovar las máquinas, los créditos tenían tasas muy altas y con el Promufo pudimos salir adelante”.

Pero el dinero no es todo: “También nos dio difusión y visibilidad, la gente ve que tenés un respaldo de otro tipo, que no sos un improvisado”, agrega Viviana, y pone énfasis en la capacitación que se ofrece al ingresar. “El curso te sirve porque te enseñan todo lo que hay que tener en cuenta para tener un emprendimiento, ahora me siento a sacar los costos de otra manera porque te enseñan que tu tiempo tiene mucho valor”, señala. “Valoro mucho lo que me han ayudado”, aporta María Angélica. “Te enseñan a valorar mucho tu trabajo, tu tiempo, a estimar cuánto se desgastan las máquinas”, subraya.

Los tres emprendedores suman ya más de una década en el Promufo, con sucesivas renovaciones de sus créditos. El vínculo que generaron con el Programa también es afectivo. “Todo aquel que tiene ganas de hacer algo, acá tiene una oportunidad”, resume Viviana. “Uno viene de un pozo que se te cae todo el mundo encima y de repente sentís este acompañamiento, que se preocupan por vos, te orientan cómo poder seguir, y te hacen valorar lo que podés hacer; eso te da mucha fuerza”, expresa María Angélica. “Es lo mejor que pudo hacer la Municipalidad por el emprendedor, nos ayudan mucho, el trato que nos dan es buenísimo”, acota Víctor.

El Promufo

El Programa Municipal Básico de Formación, Asistencia Técnica y Financiamiento para Emprendedores Locales aporta recursos económicos y también formativos, a través de una capacitación brindada por profesores de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario. Además, permanentemente el municipio ofrece capacitaciones para los emprendedores que forman parte del Promufo, al igual que brinda oportunidades de participación en exposiciones y ferias.

Los créditos que otorga son de hasta $30.000 con una tasa de interés del 5% anual y con una posibilidad de devolución en hasta 6 cuotas de gracia y 24, 36 o 48 cuotas. El del Promufo es un fondo cíclico, es decir que se financia a partir de la devolución, en cuotas, de los créditos ya otorgados. Esto genera también un valor solidario que se impregna en los beneficiarios del Programa. “El crédito se paga con gusto, si estás trabajando, si te sirvió para progresar, devolvelo al crédito, porque si no lo pagás, el que venga atrás a pedirlo no va a tener fondos”, concluye Víctor.